Written by Andrés Fernando Castellanos Ojeda

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Santa María del Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen o Nuestra Señora del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María.

Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, en la ciudad de Haifa, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como ‘jardín’.

Esta advocación da nombre a todas aquellas personas que se llaman Carmen, Carmela o Carmelo, y que celebran su onomástica en la festividad de Nuestra Señora del Carmen, el 16 de julio, que la Iglesia católica conmemora con calidad de memoria facultativa.

CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Virgen del Carmen, oh Madre mía, me consagro a ti, y confío en tus manos- mi existencia entera. Acepta mi pasado con todo lo que ha sido. Acepta mi presente con todo lo que es. Acepta mi futuro con todo lo que será.

Con esta total consagración te confío cuanto tengo y cuanto soy, todo lo que he recibido de tu Hijo Sacratísimo y de tu Esposo Santísimo.

Te confío mi inteligencia, – mi voluntad y mi corazón. Pongo en tus manos mi libertad, mis ansias y mis temores,-mis esperanzas y mis deseos, mis tristezas y mis alegrías.  Cuida de mi vida y todas mis acciones para que sea más fiel al Señor Trino y Uno, y con tu ayuda alcance la salvación. Te confío, Oh gran Señora, mi cuerpo y mis sentidos, para que sean puros siempre y me ayuden en el ejercicio de las virtudes. Te confío mi alma, para Tú la preserves de las tentaciones del mundo,- de la carne, – y de Satanás.

Hazme participar  de una santidad- similar a la tuya; vuélveme conforme a Jesucristo,- ideal de mi vida. Te confío mi entusiasmo- y el ardor de mi devoción para que me ayudes- a no envejecer en la Fe.

Te confío mi capacidad  y ganas de amar como has amado Tú,- y como Jesús quiere que se ame. Te confío mis incertidumbres y mis angustias, para que en tu Corazón- encuentre seguridad, – sostén y luz- en cada instante de mi vida. Con esta consagración me empeño en seguir tu vida de humildad,- mansedumbre,- y pureza.

Acepto las renuncias y los sacrificios que esta elección conlleva y te prometo con la gracia de Dios y con tu ayuda ser fiel al empeño tomado. Oh, Madre de todos los hombres, Soberana de mi vida y de mi conducta, dispón de mí- y de todo lo que pertenece para que camine siempre en el Evangelio bajo tu guía, oh Estrella del Mar.

Oh Reina del Cielo y de la Tierra, Madre Santísima del Redentor, soy todo (a) tuyo (a), – oh Virgen del Carmen, y a Ti quiero  unirme ahora y siempre para adorar a Jesucristo, – junto a los Ángeles y a los Santos, ahora y por los siglos de los siglos.     Amén

 

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