Written by Armando Ardila

Carta a los cristianos – Domingo 31° del Tiempo Ordinario

Según san Lucas (19,1-10)

Hemos celebrado la fiesta de Todos los santos y los Fieles difuntos, ambas celebraciones nos invitan a mirar cómo va nuestra búsqueda del señor.

Zaqueo busca por curiosidad a Jesús, pero como también nosotros, descubre que es buscado por él. Pues es Jesús quien toma la iniciativa, lo busca para propiciar un encuentro. Lo mira, lo llama por su nombre, le pida lo reciba en su casa.

Es una mirada distinta a Zaqueo, y una mirada también distinta de la que tenían los demás, que lo etiquetaron por su manera de vivir. Esa mirada ha influido en su manera de ser, de sentirse pequeño, etiquetado, y en su manera de pensar. Ya no hay posibilidad de cambio.

Esa mirada que le da alguien, que precisamente descubre que hay posibilidad de cambiar de vida y descubrir un futuro distinto. Lo mira alguien que todavía cree en él, y espera algo nuevo de Zaqueo. Desea entrar en su vida, tengo que alojarme hoy en tu casa.

Sacudido por esa mirada y esa palabra, corre contento a preparar el recibimiento en su casa de un hombre que era curioso, descomprometido, y se vuelve en alguien perdonado, y comprometido. El perdón nos devuelve la estatura de seres humanos. Zaqueo se siente acogido misericordiosamente.

Es el señor quien cambie el corazón para siempre. Descubre a Jesús como el único señor de su vida. Se siente perdonado, comprendido. Permite que Jesús introduzca en su vida verdad, justicia, compasión. Y transformado su corazón, se transforma las relaciones con lo que tiene, y con los demás.

¿Qué es lo que lo convierte?

Descubrir en su vida la posibilidad de un amor que le da infinitas posibilidades en su vida, y poder comprender un camino nuevo que puede recorrer. Y entonces, lo que permite en él y en nosotros una conversión es la pasión por Dios, por el proyecto de Dios. Es algo que nos hace creyentes, hermanos y amigos de los demás. Profetas y misionero, peregrinos.

Pues somos como Zaqueo, buscadores que han sido encontrados. Aunque nos creamos pequeños como él, y empequeñecidos por tantas cosas de la vida, nuestro modo de ser, nuestros pecados, nuestros apegos, también podemos ser como Zaqueo transformados.

Para Jesús, nunca estamos perdidos, él ha venido a abrirnos un futuro nuevo. Es enamorarnos de Jesús, quien se enamora se convierte, y adquiere una nueva sensibilidad, una nueva manera de entender la vida, un prisma nuevo para mirar la realidad. Así el amor llega hasta el fondo de nuestro corazón, lo toca y transforma todo.

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, concluye Jesús.

Feliz domingo para todos.

Oscar Urbina Ortega
Arzobispo de Villavicencio

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