Written by Armando Ardila

Carta a los cristianos – Domingo 22° del Tiempo de Adviento

San Mateo (1, 18-24)

Llegamos al último domingo del Adviento, José hombre justo, ante el inesperado embarazo de su prometida actúa con una gran capacidad de vivir en la justicia, en el amor fraterno que llega hasta la comprensión, y el perdón.

Tiene un comportamiento afectuosísimo, no rechaza a María, no la expone a la vergüenza pública, ni al desprecio. Decide abandonarle en secreto. José, hombre de fe, medita en su corazón lo que está sucediendo. Crea un espacio para el trabajo interior, la oración y el discernimiento en la fe, y en el dominio de sí.

Un mensajero del Señor actualiza la voluntad de Dios: “José, hijo de David, no tengas reparo en recibir a María como esposa tuya, pues el hijo que espera viene del espíritu santo”. El acontecimiento escandaloso se convierte para José en ocasión de obediencia puntual a Dios, cuando despertó hizo lo que el ángel le había dicho.

La presencia de Dios en nuestra vida nos saca de la tranquilidad, pues sus caminos siempre son inesperados. Dios le pide a José tomar consigo como a María como a su esposa, que haga de padre legal del niño que nacerá de ella. Colocándole el nombre de Jesús, reconociéndolo como hijo suyo.

Habría podido decir: “Esto es demasiado para mí”, pero acepta, Coge una palabra que le llega en el sueño, acoge un proyecto inusual. No se pone a pensar en él, en su orgullo herido, en sus derechos, sino que escucha y pone por obra una palabra que lo alcanza, y le sugiere comportamientos totalmente nuevos e inéditos.

Sí, tenía razón el profeta que anuncio el Emanuel, Dios con nosotros entrará en nuestra historia. Nosotros ahora sabemos que desde la concepción se origina una conmoción en la vida de María y de José.

Reconocemos que el proyecto de Dios se realizó gracias a estos dos jóvenes que se fiaron de Dios, y colocaron su vida en sus manos, sin exigir garantas, sin poner objeciones, sin pedir seguros especiales, sólo por amor.

Esa es la aventura de la fe, es adherir a la palabra que Dios nos da, que siempre sorprende y espera a la respuesta confiada y audaz de nuestra parte.

Dispongámonos al corazón a la navidad que se acerca.

Mons. Oscar Urbina Ortega
Arzobispo de Villavicencio

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