HISTORIA

En los años 1849-50 la ciudad de Villavicencio no tenía más que una sola parroquia hasta que ese mismo año se creó la parroquia de El Divino Niño. En el siglo XIX fue atendida por los Párrocos de Quetame y en los primeros años del siglo XX por los Padres Salesianos. Posteriormente llegaron los Padres Monfortianos al finalizar la Guerra de los Mil Días. Monseñor Eugenio Morón hizo algunas transacciones por escrituras públicas para conseguir el lote que esta al pie de la plaza principal. El Padre Arnaud ¿¡¿ hizo los planos para el edificio, que debía ser al mismo tiempo residencia del obispo y casa cural. El padre Gabriel Capdeville ejecutó la obra. Apenas terminada, sobrevinieron los temblores de 1917, que sacudieron profundamente toda la cordillera oriental, ocasionando muchas víctimas y daños. Fueron afectadas las Iglesias de Medina y San Martin, pero mucho más la catedral de Villavicencio. El movimiento telúrico ocurrió el viernes 31 de agosto de 1917, cuando los feligreses, aterrorizados por los temblores del miércoles y jueves anteriores se encontraban en la Catedral, durante la misa, recibiendo la comunión de manos del Padre Mauricio. Se desplomó la pared del fondo y parte de una pared lateral; siete personas murieron debajo de los escombros.

Los trabajos de restauración de la catedral fueron lentos. Pasaron unos diez años antes de terminar, a medias, la obra. Se había comprado un solar detrás de la iglesia lo cual permitió ensancharla. Los feligreses criticaban mucho el aspecto tan pobre de la fachada, que era un simple triangulo. Por falta de carretera no se podía hacer una obra de concreto. Con yuntas de bueyes los fieles, con ánimo generoso, trajeron de Apiay unas columnas. Sobre ellas se colocó algo que tenía forma de templete y fue techada con láminas de zinc. No era algo muy artístico, pero ¿qué se podía hacer en aquella época?

El 15 de agosto de 1943 Monseñor Francisco Bruls celebraba sus bodas de plata de vida religiosa. Con ocasión de este acontecimiento, el Padre José Ramakers le ofreció como regalo de fiesta el proyecto de una nueva fachada para la catedral, con dos torres elegantes de 27 metros de altura. El Padre Martin Pieters hizo los preparativos e inició la obra en 1944. Para Navidad de 1945 se hizo la bendición de la obra. El Padre Gregorio Garavito emocionó a los asistentes con una homilía muy elocuente. Los habitantes de Villavicencio quedaron orgullosos pues ya tenían algo que mostrar a los turistas que, numerosos llegaban, por la carretera.

A pesar de esto, quedaba aún el grave problema del interior de la Catedral, que seguía desmoronándose de manera peligrosa. Esto no se resolvía con remiendos; había que pensar en una iglesia nueva. El padre José Ramakers, a quien le interesaba el aspecto estético, mucho más que el económico, pensaba que se debía hacer una catedral completamente nueva en el lote de la antigua casa cural, al pie de la plaza. Pero en vista de los grandes gastos que implicaba esta construcción en un terreno tan bajo y sin saber el destino que se podía dar a la antigua Catedral con su nueva fachada y sus dos torres, la Curia no aceptó este proyecto, considerando que era preferible renovar la Catedral existente. Fue el mismo Padre José quien realizó los planos para esta reforma. Del edificio anterior no quedaba sino la fachada, con algunas adaptaciones y las dos torres, más una parte de la pared del fondo que había sido edificada sólidamente con piedra labrada. Se amplió la iglesia tomando sobre el corredor lateral el espacio de unos dos metros de cada lado. Con el párroco, el Padre Lucreciano Onofre y la colaboración decidida de los feligreses, la construcción prosiguió sin interrupción.

La Nación concedió un auxilio de diez mil pesos y los feligreses proporcionaron los demás recursos necesarios. Mientras se edificaba el nuevo templo, los servicios religiosos se celebraban en el salón del antiguo Teatro Verdún, sobre la Avenida Rojas Palma. Este salón y el patio correspondiente fueron vendidos después al Banco de la República. Tanto fue el dinamismo del Párroco, de los constructores y de los feligreses, que en un espacio de dos años se construyó la nueva catedral y al terminar la obra, no quedaban deudas.

El 24 de octubre de 1957 se hizo la solemne consagración de la Catedral. Terminada la ceremonia, el Padre Lucreciano Onofre celebró la misa de acción de gracias. Al día siguiente comenzaron las Cuarenta Horas predicadas por el Padre Milciades Rico y se celebraron unos treinta matrimonios. El sábado 26 llegó el Excelentísimo señor Nuncio Apostólico, Pablo Bertoli, acompañado de los señores Roberto Merizalde y Raymond Amador. El señor Nuncio celebró la primera misa pontificia en la nueva catedral con la presencia del Seminario monfortiano de Albán. El lunes 28 el señor Nuncio y los acompañantes dieron un paseo por los llanos. Salieron desde la base militar de Apiay, sobrevolando las diversas poblaciones del sur y la región del Ariari. Al regreso aterrizaron en San Martín. Desde aquí prosiguieron el viaje por tierra, visitando las poblaciones de Guamal, Castilla la Nueva y Acacías.

Quedaron encantados por la buena acogida que se les hizo en estos lugares y por la fertilidad de aquellas tierras. El señor Nuncio pudo apreciar también el valor artístico de la Catedral ya que en una visita anterior había visto el edificio que había allí. Llevaron buenas impresiones al regresar a Bogotá.

Estando de párroco de la catedral el Padre Eliseo Achury, había madurado la idea de un momento a Cristo Rey en la entrada a los Llanos Orientales. Pero había una dificultad: que en el hermoso cerro donde debía quedar el monumento, no había piedras para la construcción. Se vio entonces un alegre espectáculo: a la hora de terminar las clases en los colegios, se formaba una larga procesión de jóvenes y niñas, que subían la cuesta llevando todos, una piedra al hombro. Hasta las jóvenes de Acción Católica tomaban parte en aquel piadoso deporte.

Los trabajos se iniciaron en septiembre de 1948. Hubo alguna vacilación al principio por falta de conocimiento del maestro de la obra. Al año siguiente en la fiesta de Cristo Rey, octubre 30 de 1949, se hizo la bendición solemne. Muchísima gente asistió a la Misa celebrada en el altar del monumento. El Padre Pardo Murcia (SDB), realizó una homilía emocionada y florida, según su estilo muy personal. Don Delio Gómez habló en representación de los feligreses de Villavicencio. Desde entonces se celebra tradicionalmente la misa al pie del monumento en la fiesta de Cristo Rey. En febrero de 1950 se compró a don Vicente Sanabria una hectárea de terreno a mano derecha del monumento, con el fin de impedir que se establecieran allí casas de mala ley. Un mes más tarde el Padre Eliseo Achury inició los trabajos del ramal de carretera que conduce al monumento.