VIRGEN DEL CARMEN

PATRONA DE LA ARQUIDIOCESIS

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El Seminario Mayor Nuestra Señora del Carmen fue inaugurado el 11 de febrero de 1993. Es el fruto de los esfuerzos vocacionales de Mons. José María Guiot, Mons. Francisco José Bruls, Mons. Gregorio Garavito y Mons. Alfonso Cabezas.

La veneración a la Virgen María en su advocación del Carmen debe su nombre al Monte Carmelo, que aparece en el Antiguo Testamento y que ha tenido en los padres Carmelitas, una rama de los Franciscanos, a sus grandes divulgadores.

Otro hecho al que se atribuye la devoción a la Virgen del Carmen es la promesa que, según la tradición, ella le hizo a San Simón: “Yo asistiré en vida y en muerte a quienes lleven devotamente mi escapulario o medalla”. Así reza esa promesa.

En el llano hay especial devoción por la Virgen del Carmen, Madre del Carmelo, siendo también una advocación extendida en todo el país.

No se equivocó el poeta Héctor Paúl cuando llamó a la Virgen Patrona del llano. Según el Obispo de Granada la Virgen del Carmen es tan importante para los colombianos como la Virgen de Guadalupe para los mexicanos.

Monseñor Gregorio Garavito Jiménez, Obispo Emérito de Villavicencio, dice que en 1902, al pasar por Bogotá para encargarse de la atención en los llanos orientales, los padres Montfortianos asumieron y difundieron con tanto cariño la devoción a la Virgen del Carmen que vino a ser una de las más importantes.

En esa época se vencía el plazo para el cumplimiento del precepto de la confesión y comunión Pascual, razón por la cual muchos hombres que durante el año no habían salido de sus parcelas, las dejaron por unos días para cumplir con sus deberes religiosos y el amor a la Virgen se extendió mucho más.

A través de la historia de la Iglesia, siete Papas han recomendado de manera especial al mundo la devoción a la Virgen del Carmen:

Alejandro V, Clemente VI, Paulo IV, Paulo V, Gregorio XIII y Pío XI. Además, se recogen muchos testimonios de quienes sienten que su vida se salvó en momentos apremiantes gracias a que llevaban su imagen consigo o a vivir una confiada fe en ella.

La Santísima Virgen se apareció en el S. XIV al Papa Juan XXII, prometiendo para aquellos que cumplieran los requisitos de esta devoción que “como Madre de Misericordia, con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas (…) sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza.