Todos los Vicarios ejercen las competencias de su oficio en nombre y representación del Obispo diocesano; se trata de encargos de confianza cuyo nombramiento corresponde al Obispo. En cada diócesis debe haber al menos un Vicario general; puede haber además otros Vicarios episcopales. Todos gozan de potestad ejecutiva ordinaria, pero, mientras el Vicario general la tiene para toda la diócesis y para todas las materias administrativas, los Vicarios episcopales la tienen solamente para una zona de la diócesis o sobre un género determinado de asuntos (pastoral, vida consagrada, catequesis). Existe también el Vicario judicial, que goza de potestad judicial ordinaria y dirige la actividad del tribunal diocesano.

VICARÍA GENERAL

El nombramiento de Vicario General está previsto como obligatorio, y su función principal consiste en ayudar al Obispo en el gobierno de toda la diócesis. Su jurisdicción corresponde con la de la diócesis y está dirigida por el Vicario General, elegido por el obispo, el cual le delega diversas funciones ordinarias.

 “En virtud de su oficio, al Vicario General compete en toda la diócesis la potestad ejecutiva que corresponde por derecho al Obispo Diocesano, para realizar cualquier tipo de actos administrativos, con excepción de aquellos que el Obispo se hubiera reservado o que, según el Derecho, requieran mandato especial” (Cfr. C.I.C., can. 479 § 1).

El Vicario general, tiene todas las competencias administrativas — que en principio incluyen además la dirección de la Curia (cfr. c. 473, § 3)— del Obispo, salvo que expresamente se encuentren reservadas a éste.

VICARÍA PARA LA VIDA CONSAGRADA

La Delegación Arzobispal para la Vida Consagrada es una dependencia que se preocupa por impulsar, mantener especial atención y acompañar las relaciones cordiales de fraternidad y colaboración entre la Jerarquía y las Sociedades de Vida Apostólica, Institutos Seculares y Fundaciones Católicas.

La Delegación Arzobispal para la vida consagrada es el puente entre el Señor Arzobispo y las comunidades religiosas que hacen presencia en la Arquidiócesis.

A lo largo del año se programan actividades y retiros espirituales con el fin de trabajar en conjunto entre los movimientos eclesiales y la sociedad en general.

VICARÍA PARA LA RECONCILIACIÓN Y LA PAZ

La Vicaría para la Reconciliación y la Paz busca acompañar y sanar las heridas, “con aceite y vino”, de todos los actores del conflicto social y armado, a la vez que los compromete a la reconstrucción del tejido social, para alcanzar la paz.

Esta Vicaría realiza actividades enfocadas en la construcción de una sociedad reconciliada, en paz, incluyente y con justicia social, teniendo en cuenta las directrices de la Doctrina Social de la Iglesia. Aquí se piensa y se realiza un proceso de rectificación con el fin de que llegue a cada individuo de la sociedad comprendiendo todo lo relacionado con el proceso de reconciliación del país.

La Iglesia se abre y sale al encuentro para que el mundo tenga en ella un espacio y un llamado permanente del Señor al diálogo, al perdón, a la reconciliación y a la paz pues, a través de actividades sociales, generamos los espacios necesarios donde las personas involucradas en el conflicto puedan encontrar los medios para la reconstrucción de sus vidas, de los vínculos sociales, de sus familias, y llevar individual y colectivamente vidas dignas.

VICARÍA PARA LA EVANGELIZACIÓN

La Vicaría de Evangelización es el organismo oficial del Arzobispo que anima, orienta, coordina y apoya la acción evangelizadora de la Arquidiócesis de Villavicencio, de forma integral y orgánica.

Evangelizar significa proclamar que Jesucristo está vivo y resucitado de modo que sea conocido, amado, seguido, y así vivir en Él relaciones de comunión para transformar la historia hasta la venida de la Jerusalén Celestial (N.M.I. 29).

Dentro de sus objetivos están, colaborar, mediante charlas, retiros, encuentros…, con las parroquias, Delegaciones y las distintas realidades diocesanas, con el fin de conseguir una pastoral más misionera y evangelizadora que pueda llegar a todos los rincones de la Arquidiócesis de modo que se cumpla el mandato del Señor de “hacer discípulos de todos los pueblos”.